martes, 15 de abril de 2008
Más viajes, algo de experiencia y muchos amigos
domingo, 13 de abril de 2008
Con los hijos en la montaña
Nos encontramos preparando algo desconocido hasta el momento: las vacaciones familiares.
Claro, cuando llevamos por primera vez a nuestros hijos a la montaña nos damos cuenta el motivo por el cual tanta gente peregrina año tras año a Mar del Plata. Sólo intenten armar una mochila más o menos operativa con pañales para 15 días y sabrán de lo que les hablo.
En ese momento, la frustración hace mella en el amante de la montaña y aparece con más fuerza que nunca la frase que jamás quisimos escuchar: "ya no es lo mismo". Y si están esperando que les diga lo contrario, ni lo sueñen. Efectivamente, no es lo mismo.
El médico de mi hija me dijo que a partir del año de edad, que es cuando tienen todas las vacunas, Agustina estaba lista para todo lo que deparaba la vida outdoor. Así que sin pensarlo más (y gracias a la buena onda de los abuelos) partimos rumbo al lago Aluminé, para hacer la primer parada en Villa Pehuenia y subir algo tranqui, como lo es el volcán Batea Mahuida y, por supuesto, recorrer la zona.
Y si la cosa va bien, el invierno es genial también, porque la nieve es increíble para los chicos. Solo vasta hacer la prueba.
Cada vez que íbamos al cerro Catedral, Agustina con dos años de edad intentaba hacer desde un muñeco de nieve hasta esquiar. Y cuando tratábamos de irnos, bueno, imaginen la locura!!
Cuando vemos a nuestros hijos disfrutando tanto de algo que nosotros amamos, la alegría es muy grande, nos emocionamos, y confirmamos eso que sospechábamos antes de su aparición y que Serrat dice en una canción: "a menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción".
sábado, 12 de abril de 2008
Cuando tu pareja te acompaña
Muchas veces, mientras caminamos con amigos por las pendientes pensamos en lo bueno que sería hacer lo mismo con nuestra pareja. Sucede que a veces (y esto es estadística pura) a las chicas les gusta más estar en la playa, no pasar frío, poder bañarse todos los días, estar lindas todo el tiempo y, por supuesto, broncearse.
Por lo general, luego de infructuosos intentos por trasladarlas del nivel del mar a, por lo menos, 800 m.s.n.m., por alguna extraña razón se animan (será por la curiosidad de qué es lo que hacemos ahí en la montaña quenos gusta tanto). Claro, con tal de convencerlas somos capaces de asegurarles que pueden llevar los zapatos de taco en la mochila...
En otros casos, son ellas quienes directamente se ponen a armar la mochila a nuestro lado y, si es la primera vez que salen a la montaña, preguntan cómo hacer para que la mochila no sea más pesada que ellas.
Sea cual fuere el caso, lo más probable es que, como pasó en nuestro primer viaje con Marisa, las mochilas pesen en exceso; la tuya pesará ún poco más porque aceptaste como un caballero cargar con la planchita del pelo (imaginando que podrías calentar agua en algún enchufe del camping), y la de ella un 20% más pesada por una serie completa de cremas, elementos de belleza y cantidad de cambios de ropa. Recuerdo el caso de una pareja amiga que encontramos vagando por Bariloche: llevaban las mochilas más grandes jamás vistas, una serie de petates colgando, mochilas pequeñas al frente, y una anafe en la mano!!!. Si, un anafe, que luego se transformó en toda una leyenda cada vez que nos cruzamos por ahí.
Una vez armada la carpa, si el tiempo acompaña y no llueve durante los siguientes dos o tres días (límite máximo tolerable para cualquier humano decente), todo irá de maravillas, hasta que la falta de un baño caliente diario, o mejor dicho, la falta de un baño, comenzará a mellar el espíritu aventurero de nuestra partner, y el carácter frágil de las damas tal vez haga su aparición, a lo que se sucederá un deterioro constante de la calidad del diálogo de pareja toda vez que nuestra amada sienta que huele no del todo femenina.
Es vital entonces no llegar a esa instancia. Si vas a la montaña con tu chica y es su primer viaje, la primera regla es "asegúrate de armar un itinerario en donde exista un baño decente al menos cada 3 días de travesía". Esto se logra alternando camping libre con camping organizado, dos días de montaña con uno de hostería, o cualquier combinación que asegure que nuestra compañera pueda seguir sintiéndose femenina. La segunda regla es "no intentar bajo ningún motivo comprender la primer regla", lo cual es el mejor ejercicio mental que podemos hacer mientras recordamos esas semanas sin agua y jabón con nuestros amigotes y sin mayores inconvenientes.
A medida que hacemos más viajes con nuestra pareja vamos conociendo la dinámica de la mujer en la montaña y sabremos apreciar cuando, a pesar de las limitaciones propias que impone el medio, ella se mantiene tan femenina como siempre. Y si tenés suerte como la tuve yo, tu chica terminará teniendo más actitud que vos. Las últimas veces que subimos hacia algún refugio o intentamos cumbre, mientras yo me arrastraba entre las piedras ella saltaba lo más fresca, con cara de "dale nene". En esos momentos sentís que tenés a tu lado la chica adecuada (ojo, que eso se termina cuando ella cuenta a tus amigos que andabas mariconeando en la montaña y tus amigos hacen lo que mejor saben hacer los amigos: castigarte donde más te duele!!!!).
Para concluir, si tu chica te sigue en las aventuras a la montaña, tendrás un motivo más para ser feliz con ella. Acordate que no todas están preparadas para aguantar lo mismo que vos, así que lo mejor es ir progresivamente. Si el primer viaje sale bien, entonces seguramente te ganes la mejor compañía que puedas tener para esta actvidad.
El primer viaje a la montaña: mochila pesada y muchos kilómetros
Como cualquier consejo que recibamos en esta instancia lo tomamos con actitud de total superación, no vamos a dar ningno aquí. Y hasta es una buena lección, porque se aprende con el cuerpo, que a veces vale la pena escuchar al que fue antes que nosotros.
A partir de las vivencias del primer viaje suelen generarse dos grandes grupos de personas: el primero lo conforman aquellos que juran nunca más abandonar la playa en enero, y el segundo grupo solo vuelve a la playa cuando está vacía. Este segundo grupo suele ser menor en número, bastante eterogéneo en su composición, pero muy emprendedor y decidido como caracacterística común y principal. Estimo que se debe a que la montaña es un desafío permanente y entonces el carácter (o la actitud) juega un papel central a la hora de disfutar esta actividad.
Y tengan en cuenta también que es muy probable que en ese primer viaje su mochila sea muy pesada, no solo por los kilos adicionales de cosas innecesarias que todos llevamos la primera vez (y a veces la segunda y la tercera también), sino por el peso mismo del desafío autoimpuesto, que es el más pesado de todos. Por supuesto, el primer viaje es más extenso en kilómetros que en altura y recorreremos más lugares que en cualquier otro viaje. Y, si, será un viaje estupendo siempre.
viernes, 11 de abril de 2008
Código del montañés
Las 10 premisas
1. Ser, más que parecer: Hacer montaña significa vencer dificultades. Es educativo, aumenta la confianza en sí mismo, pero no debe conducir aun sentimiento de superioridad. Los montañistas no son una élite privilegiada, sino simples seres humanos que tienen hacia sus familias y hacia la sociedad los mismos deberes que los no montañistas. El montañismo no debe perder su carácter de sana actividad de las horas libres. Además, la vida nos impone tareas incomparablemente más grandes y más importantes que las de la práctica del deporte. La jactancia, el ruido que se hace alrededor de las figuras, la búsqueda del sensacionalismo y las especulaciones, perjudican al deporte montañés en la misma forma que a la mayor parte de las otras actividades. El hombre capaz, el buen amigo en el que se puede confiar, no se distingue por la fanfarronería sino por la reserva. En él, la veracidad es natural.
2. Ver, observar, aprender: Toda verdadera comprensión es consecuencia de la forma de ver y de captar. Esto exige interés, esfuerzo y experiencia. El que mira a su alrededor sin tomar conciencia de lo que le rodea, no hace más que descubrir superficialmente las cosas más esenciales; comprende poco y aprende también poco. Se puede por ejemplo considerar la vegetación de montaña bajo el aspecto de su color verde sembrado de manchas multicolores, las rocas bajo su aspecto grisáceo y matizado y los alrededores montañosos como una corona de picos anónimos, sin quedar por ello insensible a su belleza. Pero la experiencia será mucho más rica y perdurable si se toma plena conciencia de ella y se comprende aunque no sea más que en sus aspectos más visibles. Bajo cualquier aspecto que se presente, será mucho más interesante si se conocen sus características y su origen. El que tiene algunos conocimientos sobre las variedades de las rocas y de las plantas, sobre los animales y sus costumbres, el que puede decir algo sobre los habitantes de una región montañosa y sobre su historia y su cultura, no cabe duda que experimentará una satisfacción mucho más rica. Si conoces las montañas que te rodean – puede ser que sus nombres evoquen en ti experiencias vividas, recuerdos y esperanzas - vivirás más intensamente la grande y embriagadora experiencia del montañismo.
3. Prepararse: El éxito de una prueba de montaña depende de su preparación. Las condiciones previas son: la habilidad técnica, el entrenamiento, el buen estado físico y la aclimatación, así como un equipo adecuado. A ellas hay que añadir además la capacidad de juzgar las condiciones del desarrollo y del tiempo. Prepárate para la prueba en montaña física, espiritual y psicológicamente. Familiarízate con sus características y sus condiciones particulares (es muy importante fijar la ruta y el horario, anotar en caso de escaladas difíciles, los pasos más fatigosos y eventualmente, los lugares de detención o de vivac, las zonas particularmente peligrosas, las posibilidades de retroceso o de descenso) . No olvidar nunca comunicar vuestro objetivo y la ruta prevista a vuestros parientes más próximos, al guarda del refugio (eventualmente, al libro del refugio) o a vuestros amigos.
4. Realizar lo que somos capaces: Esto implica dos cosas: a) No queremos reservarnos, sino ir hasta el límite de nuestras posibilidades. Una sana ambición es un elemento positivo. La satisfacción que nos produce la acción cumplida, por el valor de la acción en sí misma, da la verdadera medida. Presenciar las hazañas de un buen montañés, hábil y seguro, proporciona una placer estético. b) No exagerar. La capacidad es la medida de lo que nos está permitido, es decir, que si las condiciones físicas y psicológicas son malas, si la forma física en ese día nos es satisfactoria, hay que quedarse abajo. La insensatez no solamente pone en peligro a la persona que así actúa y a sus compañeros, sino también con frecuencia, a los que van a socorrerlos. No se puede asumir esta responsabilidad ni ante sí mismo, ni ante los padres o terceras personas que por esta causa se perjudican. Tomarse tiempo. Esta máxima es aplicable tanto antes de la prueba como, dentro de lo posible, durante la misma. Lo que no se ha podido hacer este año, puede hacerse más tarde.
5. Economizar medios artificiales: El que reseña una escalada en el libro de la cumbre, la anota para sí mismo o la cuenta a sus amigos y camaradas del club, reivindica el hecho de haber recorrido una determinada vía ya anteriormente realizada. Es evidente que una renovación no es una hazaña del mismo valor que la primera escalada. Pero, las dificultades características de la escalada de esta o aquella vía, deben permanecer invariables. Del que la realiza por primera vez se exige que sea razonable y del que la renueva que sea leal. No es razonable, ni tampoco admisible para los que vengan después , intentar una primera que represente un riesgo total. No es leal tampoco abrir una vía recurriendo a medios artificiales ilícitos. Esto no es renovar una ascensión, sino violentarla. Toda vía de escalada sembrada de seguros está desvalorizada, y por ello, las vías deben conservarse o volver a adquirir lo más posible su estado primitivo. La moral montañesa exige por tanto una verdadera competición disciplinada de fuerzas midiéndose en condiciones intactas, que uno no tiene el derecho de degradar. Aquel que no escala lealmente debe hacérsele reflexionar y debe educársele. Como toda libertad, la libertad de la montaña está también sometida a reglas morales que excluyen la arbitrariedad y la deslealtad.
6. Tener el valor de renunciar: El que intenta una prueba en montaña, con o sin esquís, debe estar también preparado para el regreso. El escalador debe conocer la técnica del descenso. (Así, por ejemplo, el que prefiere la escalada en roca puede tener que enfrentarse con ciertas dificultades durante sus pruebas combinadas sobre roca y sobre hielo). Debe conocer la vía teórica para juzgar, en caso dado, si es posible o sensato continuar la ascensión, utilizar un paso lateral o resolverse por el regreso. En caso de necesidad, todos los medios son buenos para salir de una pared o de una grave dificultad. Ciertas catástrofes se han producido porque la decisión de retroceder se ha tomado demasiado tarde. Por ello, la cuestión de la retirada debe ser incluida en primera línea en todas las consideraciones sobre la montaña. Reconociendo a tiempo la necesidad de una retirada, no hacemos más que demostrar nuestro sentido de la responsabilidad. Vale más renunciar demasiado pronto, que demasiado tarde. Aunque no se haya conseguido alcanzar la cumbre, la prueba puede llegar a ser una aventura verdadera e inolvidable, porque en la mayor parte de los casos, la retirada implica la posibilidad del regreso y del éxito final.
7. Socorrer: En una región habitada, podemos ser socorridos, en caso necesario, en cualquier momento. Pero en montaña no es así. Existen desde luego, puestos de socorro, bases y patrullas de salvamento, pero éstas no cubren más que una región muy limitada. El que se encuentra en dificultades en montaña, se ve obligado a solicitar el socorro más próximo. Y es por esto que todo andinista, todo esquiador, debe estar siempre dispuesto a ser capaz de socorrer un forma eficaz. Un curso de salvamento o por lo monos de primeros auxilios, es una de las exigencias inexcusables de todo montañés activo. El peligro de otros es la señal de socorro inmediato, desinteresado y voluntario. Nadie debe contar nunca sobre la eventualidad de que el auxilio sea prestado por terceros, guías, profesores de esquí o miembros del servicio de salvamento. Pero, el apresuramiento en disponerse a prestar socorro, no debe ser tampoco ciego La falsa valoración de sus propias capacidades y medio ha tenido ya, a pesar de la mejor voluntad, muchas consecuencias mortales. Para que el socorro sea coronado por el éxito hace falta discernir rápidamente cuáles son los métodos más eficaces. Hay que intentar ante todo establecer contacto con las personas en peligro, para determinar la naturaleza de la ayuda solicitada. Con frecuencia es también oportuno constatar la forma en que puede llegarse hasta ellas. La decisión sobre la forma de intervención depende de la comunicación establecida con las personas a socorrer. El que por sí mismo es capaz de prestar socorro, debe hacerlo inmediatamente. En caso dado, una tercera persona, de la cual sea posible prescindir, deberá partir en busca de otros socorristas. Si existen pocas probabilidades de socorrer eficazmente y por el contrario, es posible llamar a otros socorristas, conviene hacerlo en el plazo más breve. Raramente la vida y la muerte dependen tan estrechamente de la decisión justa y de la acción inmediata, como en los casos de salvamento en montaña.
8. Cuidar los refugios: Debemos una gran parte de nuestras posibilidades de excursión a la existencia de los refugios. Nuestros antecesores los construyeron con gran amor y a costa de grandes sacrificios. A nosotros nos corresponde cuidarlos para nuestro uso y el de nuestros hijos, debiéndolos considerar como bases de nuestras excursiones. Todo montañés sabe por propia experiencia que agradable es la estancia en un refugio limpio y cuidado y lo desagradable que puede llegar a ser si el refugio está sucio o mal cuidado. Por tanto es natural que el deportista de montaña se sienta responsable del estado de los refugios, muy especialmente de aquellos que no están dotados de un servicio de mantenimiento regular y de los refugios de invierno. Cuanto más contribuyamos al mantenimiento y limpieza de nuestros refugios más a gusto nos sentiremos en la montaña y menores serán los gastos de refugios que figuran en el presupuesto de las sociedades deportivas. El montañismo activo, la formación de los jóvenes, las expediciones y otras disciplinas útiles saldrán a su vez beneficiadas.
9. Proteger la naturaleza: Nos incumbe una seria responsabilidad en la protección de la naturaleza. Todo lo que en ella nos proporciona hoy goce y salud, no debemos dejarlo a nuestros hijos como si fuera un campo devastado. El paisaje montañés es una de las raras regiones donde la naturaleza se encuentra en estado primitivo. Esta "región inculta" debe ser protegida de una supervaloración excesiva bajo la forma de caminos, funiculares, trenes, casas, cercados, centrales eléctricas, industrias y otras muestras de civilización, generalmente con fines lucrativos. Nosotros los humanos, tenemos necesidad de disponer de algún espacio donde podamos estar solos frente a un mundo intacto y sano, para poder encontrarnos a nosotros mismos. La montaña representa este mundo intacto y así debe permanecer. Esta convicción encuentra su expresión práctica en las leyes para la protección de la naturaleza que todo montañés debería conocer. Además de la protección de animales y plantas, es preciso que nos preocupemos también por el estado de las cumbres y de los caminos que en modo alguno, deben convertirse en depósitos donde uno se desprende de las latas de conserva vacías, botellas, papeles grasientos y otros desperdicios. El que esto hace, se extiende un certificado deplorable de ignorancia. Es tan sencillo transportar "vacío" al regreso todo lo que se ha subido "lleno", en caso de que no se prefiera enterrar todos los desperdicios bajo las piedras. Cuidad de que las montañas permanezcan limpias.
10. Ser tolerante: En la montaña somos ante todo hombre y no miembros de una raza, nacionalidad, pueblo, religión, partido, profesión o cualquier otro tipo de agrupación. Hay muchas formas de hacer montañismo. La expresión "montañés verdadero" o "auténtico" no es más que una frase pretenciosa por la que ciertas personas tratan de imponer sus propias ideas. A este respecto hay opiniones muy diferentes. Lo que distingue a los montañistas unos de otros no es tanto su calidad como su individualidad. Unos consagran todas sus hora libres a hacer excursiones por montañas. Otros no van a ellas más que ocasionalmente. Este realiza con el mismo placer tanto un paseo por la montaña, como un recorrido extremadamente difícil. A unos, las excursiones le hacen conquistar las cumbres, mientras que otros se dedican a no conocer de la montaña más que las paredes a escalar. Unos prefieren la roca, otros el hielo. Hay otros para los que el colmo del placer son las excursiones que les proporcionan ejemplares de hierbas o piedras para coleccionar. Pero todos pueden ser montañistas y ninguno lo es más que el otro. El que no concede valor al montañismo moderado se coloca en el mismo nivel que aquel otro que, en el extremo opuesto, no ve más que lo rudimentario desprovisto de comprensión y de sentido para el "mundo sublime de las montañas" reside precisamente en el hecho de que cada uno puede buscar en ellas el placer a su propia manera.
Frase de cabecera
Aquí una traducción razonable en español:
"Vive cada día de tu vida como si subieras una montaña. De vez en cuando mira hacia la cumbre y mantén el objetivo en mente, pero verás muchas cosas bellas en el camino. Sube despacio, firme y disfruta cada momento hasta llegar a la cumbre. La vista desde la cima será el regalo perfecto tras el viaje". Harold V. Melchert